Filosomos

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Es más que un concepto

miércoles, 7 de enero de 2015

Guión del video "¿Fue el Estado?"

México se encuentra en una situación crítica…..  cada día 10 mujeres son asesinadas.
el halconazo y los estudiantes del 68,
Los muertos de Aguas Blancas (17),
El incendio de la guardería ABC en Sonora (más de cien niños afectados)
Los muertos de Tlatlaya (22) ,  
Acteal (45)
Iguala (43).

sin olvidar el aumento del huevo, el gasolinazo, la tortilla, el limón, los medicamentos….

Las escuelas regionales y agrícolas que se formaron a partir de la revolución mexicana, por ahí de 1920, fueron la base para lo que conformaría las escuelas normales rurales. El propósito era simple, formar rápidamente maestros que enseñaran a leer y escribir, mientras se introducían nuevas técnicas agrícolas que formaran cooperativas para complementar las necesidades de comunidades aledañas. La ideología de la revolución mexicana estaba inserta en las normales rurales y dio paso a una enseñanza que se centraba más en la movilización y agitación que en la alfabetización. A la fecha, las normales mantienen ideales revolucionarios que pierden vigencia ante un mundo que los rebasó, y solo ve en ellos a radicales que pretenden polarizar y generar violencia.

        Es natural que el olvido al que se ven sometidas las normales rurales provoque choques y demandas ante un Estado que a todas luces no tiene las riendas del país. El crimen organizado y la corrupción conducen a una ingobernabilidad que mantiene a las comunidades en hambre y pobreza. Las políticas públicas como “México sin hambre” tienen el efecto de un apósito adhesivo en una llaga que cada vez se hace más grande. Lo sucedido la noche del 26 de Septiembre de 2014 en el municipio de Iguala, Guerrero, es el fresco ejemplo de la inexistente aplicación de justicia que impera en todo el país, y a casi 100 días de la desaparición de los normalistas atacados, parece que nada quedará claro. Los hechos, como han sido entregados a la ciudadanía, involucran a policías municipales de Iguala y estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, dejando al menos 6 personas muertas y 43 desaparecidos. Los estudiantes se conglomeraban para asistir a la ciudad de México y formar parte de las manifestaciones relacionadas con el 2 de octubre, todo esto ante un ambiente de vandalismo, secuestrando unidades que serían utilizadas para su transporte. Lo demás como suelen decir, es historia.

        ¿Quiénes son los culpables?¿Cómo debe actuar la ciudadanía?

Iguala es un punto clave en la coyuntura que vive el país, y nos hace ver eso que hoy consideramos normal en la vida de todas las personas; el miedo a una muerte violenta y la inseguridad. Caso curioso que recuerde al estado de naturaleza que Hobbes planteó hace 4 siglos y que parece cobrar vida en el México del siglo XXI. La sociedad se ha visto rebasada por el poder que depositó en sus gobernantes y la vigencia del estado de naturaleza se hace presente en las calles de todo el país. Lo que vivimos hoy es cualquier cosa menos un Estado de derecho. Las soluciones que proponen las ineficaces (y sin embargo importantes) marchas por justicia, van desde la renuncia del actual presidente Enrique Peña Nieto, hasta… pareciera que no hay más, vamos, ni siquiera pareciera ser una solución ante la situación actual. La creencia fútil de “cortar la cabeza”, que promueve el “movimiento estudiantil” para que el cuerpo funcione, supone el correcto funcionamiento de todas las demás partes; nada más equivocado. Desde la ciudadanía vivimos, no una apatía política, sino una hipocresía política. Gran porcentaje de la población se encuentra en estado de exigencia sin siquiera exigirse a sí mismo tiempo para conocer el funcionamiento de su propia delegación o municipio. Muchos ni siquiera sabemos en su totalidad cómo funciona la aprobación de una ley, o las vías constitucionales a las que tenemos acceso para exigir lo que se pregona en las calles o las redes sociales. La solución para todo es marchar (marchas que por cierto le son informadas con anticipación al gobierno para que esté preparado; de risa), y asamblea tras asamblea se reúnen en las universidades para decidir cuándo marchar. Las universidades están faltas del labor que tanto enarbolan. Las “cedes de pensamiento crítico” quedan paralizadas en sus aulas sin tomar un papel activo en las decisiones del país. Se promueve el paternalismo en cada una de las llamadas asambleas “interuniversitarias” sin pensar en opciones que vayan más allá de la política, porque son sólo eso, intereses políticos que el alumnado respalda al grito de “fuera Peña”. Lo centros de investigación en las universidades carecen del peso se supone deben tener; no hay una amplia difusión de su trabajo y parece que el gobierno no las toma en cuenta.
      
        Sin embargo, las atenuantes irregularidades requieren formas de organización social que promuevan el crecimiento de una entidad: pobladores que viven del turismo, sabiendo que el Estado no les ayudará forman comunidades para mantener limpias las playas, el surgimiento de grupos de autodefensa en comunidades donde las autoridades no han podido efectuar resultados efectivos que apacigüen las inconformidades de sus pobladores, etc. Las formas de organización cooperativista  desafían la teoría económica convencional y el Estado se ve nutrido desde la base, ya que cada poblador de una delegación o municipio toma parte activa de problemas particulares en cada demarcación. Es difícil, claro, pero al menos así tendríamos más que un “yo pago impuestos” para exigir que el gobierno nos ayude a formar un país que no viva hundido en violencia; con cada parte del Estado (Territorio, población y gobierno), comprometido con el poder que tiene y explotando cada una de sus capacidades, podríamos dejar de apuntar el problema a los otros, reconociendo que el Estado no se forma desde arriba  y que  la parte fundamental, la capacidad ciudadana, está siendo inoperante.  En ese sentido, el caso de Iguala, no es un acto de barbarie del Estado, sino de ausencia de Estado, y de eso somos culpables todos. Pero, sería justo juzgar al obrero que, cada mañana madruga para laborar y llevar sustento a su familia, de efectuar actos de apatía y falta de compromiso social, es decir, ser culpable de cientos de muertes de ciudadanos, estudiantes, mujeres, niños, indigentes, inmigrantes, indígenas,  trabajadores, etc. O es que todos tenemos un pretexto o razón para no participar. O es que todos tenemos la culpa, pero a la vez somos inocentes.



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